
“75 años de vagancia”, por Ezequiel Tujague.
CAVUL cumplió hace apenas unos días 75 años y nuestro columnista, en esta nota, recorre la historia, el presente y la vigencia de una institución de Lincoln que, a esta altura, es riquísima en todos sus aspectos, en lo deportivo, en lo institucional y en lo social. Momentos inolvidables, detalles particulares y otros fundamentales aspectos de la vida del Celeste, junto a algunas personas importantes para este club, es el abordaje que hace Tujague en esta propuesta periodística, riquísima para entender por qué CAVUL es CAVUL.
CAVUL cumplió hace apenas unos días 75 años de vida como institución y nuestro columnista Ezequiel Tujague repasa una historia riquísima y también un presente actual de una entidad linqueña que tiene gran vigencia en nuestro medio en el presente y que se destaca en todos los órdenes en los que lo puede hacer un club, en el social, en el deportivo y en el institucional.
Ezequiel, además, aborda detalles y cuenta vivencias inolvidables de la historia del Celeste, y lo hace en esta nota junto a personas importantes para este club, como los casos de Alejandro Crocolino, “Josico” Podestá, Tomás Podestá y “Fede” Polio. Pase y lea.
17 de marzo de 1950. Ésa es la fecha.
El punto de partida oficial, aunque ya se venía gestando la idea, empieza a hacerse realidad ese día. Una partida, donde hoy, a los setenta y cinco años de edad, vuelve real y magnífica la empresa soñada por aquellos hombres fundadores.
Una fecha y una idea. Y fundadores.
Hombres con ideas fundadoras.
Parece que los alumnos de la Escuela Normal mixta “Abraham Lincoln” tenían inquietudes. Esos “vagos estudiantes” con ideas, con inquietudes que se volvieron proyectos, que se hicieron realidad. Con tesón, con amor, con empuje. Con lo que se necesita para crear lo nuevo. Crear un club.
Se volvieron un club. Crearon, fundaron el Club Unidos de Vagos Linqueños.
El germen viene desde las tripas del Ateneo Cultural fundado en 1946.
Pero ya dos años antes, estos estudiantes “vagos” consideraban la idea. El deporte pedía, necesitaba un lugar propio. Las ganas, la necesidad y el deseo, junto al trabajo y la disposición de estos jóvenes, esa fuerza propia de la juventud que se debatían en acaloradas reuniones con las mejores intenciones. Eso: intenciones nobles. ¿Cómo apagar la fuerza de lo bueno? ¿Cómo no entusiasmarse con estas empresas tan motivantes de deporte? De básquetbol.
Esos jóvenes con ganas de jugar baloncesto, ya tenían el ejemplo valioso y cercano; el espejo clave donde mirarse: la fundación del Club Estudiantes, en el que se practicaba exclusivamente básquetbol.
Dice el libro de “Historia del deporte linqueño”, de Noel Mario Davín: “Daban nacimiento a la flamante entidad, Dardo García, Ítalo Salvia, Lalo Escurra, Cáritas Malis, los hermanos Pella, el Gordo Palavecino y Carlos Fernández”.
Nombres propios de nuestra historia deportiva. La historia hecha por hombres y mujeres. Ya la práctica de este deporte se vuelve habitual y, en el año 1934, se funda el Club Independiente. Un 14 de agosto. ¿Y CAVUL?
Queda fundado ese 17 de marzo de 1950. Citamos a Davín: “Presidente Honorario, Jorge Buceta; Presidente, Mauricio Sánchez; Vice, Abel Russo; secretario, Osvaldo Carra; Pro, Cesar Torres (H); Tesorero, Roberto Ríos; Pro, Adelmar Vachino; Vocales, Juan D. Morgan, Mario Llorente, Carlos Llorente y José M. Vidal. Sus objetivos: práctica del básquetbol y deportes de salón. Su primera cancha: de 1951 a 1959, en avenida 25 de Mayo y San Martín: ‘La Quesera’. En 1961, su ubicación actual: avenida Alem y Almafuerte. Historiando un poco, digamos que el primer equipo de CAVUL estuvo integrado por Jorge Buceta, Mario Llorente, Naldo Balderrín, Caín Rodríguez Dubra, Saúl Cané, Roberto Ríos y Osvaldo Carra. Posteriormente, se afiliaría como entidad fundadora de la Asociación Linqueña Básquet”.
Hacemos uso de esta obra clave de Noel Mario Davín para aprender, para hurgar nuestro pasado como comunidad, para festejar nuestra historia.
Hoy lo festejamos en este presente con tres generaciones de la familia del “Vago”.
Josico Podestá era un gurrumín que desde ese primer año estuvo y vio, y fue parte de la gesta, mirando, estando, siendo niño.
Alejandro Crocolino es un apellido clave para pensar y entender el sentimiento y la práctica dirigencial con muchos años al mando del club.
Y Federico Polio y Tomás Podestá, amigos desde el básquetbol, desde ese lugar de encuentro, de juego, de cofradía a base de compartir la pelota y los tiros al aro.
Con ellos, una charla, una ronda en la que la palabra pasa de un lado a otro, con segundos para cada uno, como el tiempo de tenencia en el partido que todos han jugado. Con una circulación de palabras como si fueran pases de pelotas.
El balón está en el aire: por eso la pregunta es: ¿por qué la vigencia cómo institución? Y si la pelota vuelve a estar en el aire para iniciar el partido, me pregunto muchas más:
¿Cómo es tener 75 años de vida vaga? ¿Qué se siente ser parte de una institución deportiva donde han pasado tantas personas?
¿Cómo se hace para sobrevivir, para permanecer y para mejorar? ¿Hay recetas o manuales para ser dirigentes?
La charla nos hará llegar a ciertas respuestas, también a conocer historias nuevas para aquellos que se atreven a conocer el pasado desconocido. Pero real y vivido.
En el relato somos.
En la palabra compartida nos reconocemos.
“La noticia”, dice Crocolino, “es que el club tiene mucha vida”. “Plena vida”, dice. “Mucha vigencia”, dice. “Eso ocurre”, dice.
“Ésa es la noticia más linda, ir al club y ver chicas y chicos con mucho entusiasmo. Ese desafío de comenzar cada año nace con arrancar. CAVUL abre sus puertas y se llena de chicos. Eso es lo mejor que nos puede pasar”.
Un club abierto; pibes jugando.
Desde hace 75 años.
¿Por qué esa vigencia?
“Fede” dice: “Creo que es por la persistencia de un grupo de gente, reducido, que ha luchado contra viento y marea para que el club pueda continuar con semejante caudal de chicos, y con la intensidad y la dificultad que genera la concurrencia de tantos jóvenes, tantas competencias que, si no fuera por el apoyo familiar pero fundamentalmente de la gente que colabora desinteresadamente desde hace y le dedica tiempo, esto no sale”.
Un club exclusivamente de básquet.
Cancha y desarrollo de esa disciplina.
“Si bien en oportunidades hubo cesto o vóley”, nos cuenta Alejandro, “el básquetbol siempre fue lo principal. Una cancha de básquet para entrenar y jugar allí. Deportivamente somos básquet”.
Josico aporta su vivencia y cuenta cómo la cancha primero fue de tierra, luego de baldosa y después del actual piso de parquet.
Dice: “Donde era el correo, ese patio, era el lugar de encuentro de todos los chicos de 6 años para arriba. Íbamos a CAVUL a jugar. A cualquier cosa. No exclusivamente básquet. Para que la cancha de tierra existiera, había que pasarle el rolo, pasar la bolsa; había que regar y luego marcar la cancha con cal.
Todo para después poder jugar.
Todos los días así”.
El techo era el cielo. “Qué techo”, me dice Josico. Y ríe. Ésa era la famosa “Quesera” que tenía huecos en los tapiales.
Dice Josico que eso era una locura de chicas y chicos. Todos los estudiantes se veían ahí. Era fiesta, fiesta. Porque se hacían grandes bailes donde la juventud se reunía y se divertía.
Después del correo se mudan al lugar actual de Almafuerte y Alem. Ahí intervino el intendente para que CAVUL continuara su existencia con su cancha y su básquet, y así fue como llegan a la avenida Alem.
Josico rememora y nombra a otros clubes: “Rivadavia, Jorge Newbery, El Linqueño, Independiente. Poñaro, que los armaron los Balderrín”.
Recuerda de memoria la formación de CAVUL: “Estaba ‘Banana’ Carra, ‘Camote’ Cané, el ‘Nene’ Russo; estaba tu abuelo Tujague, Mizuno, ‘Piruncho’ Carignano, Caín Rodríguez Samid Fulo y Crocolino”.
Es lírica. Josico lo dice desde su historia. El que habla es su cuerpo, su piel, su historia, que es parte de estos 75 años de CAVUL.
Vagos Unidos Linqueños. CAVUL tenía muchísimos chicos jugando, desde todas las divisiones. Los jugadores de Primera formaban a los más chicos; eran sus profesores. “Tito” Ríos, el “Flaco” Cravero.
Y ésa ha sido una manera que se fue repitiendo. Los reflejos de los más grandes en los más pequeños. En esto están todos de acuerdo.
“Y aparece el técnico histórico de CAVUL, que fue Norberto Sörenson”, dice “Ale” Crocolino, que no jugó nunca al básquet, pero siempre fue técnico. Y que tenía una frase que gritaba desde el banco: “Hacé la histórica”. “Nunca supimos a qué se refería, pero todos estallábamos de risa”.
Una risa que tiene el centro de la alegría puesta en ese recuerdo de inicios, de lo que pasó, de todo lo que se hizo.
Entendamos que no había nada.
Hubo un tiempo que no hubo.
No hubo nada.
Desde cero. Un club.
Eso es lo grandioso de las fundaciones.
La magia que se vuelve real.
CAVUL festeja año nuevo y mira sonriente desde este presente con pasado feliz, desde esa austeridad a la actual vida plena social que plantea Crocolino.
Y que se ve en una tarde de entrenamiento o en un partido de la Primera o de sus categorías inferiores.
Los años no vienen solos. Vienen con muchas personas que han dado su tiempo y trabajo, y lo siguen haciendo. En una pasión “vaga” que no acaba.
Feliz cumpleaños, querido CAVUL.