Cuando ir a la cancha implica la mirada que puede ser combustible para transformarse en texto, ahí aparece el cronista que va y registra.
Y que luego del resultado puesto, divaga en el devenir de una tarde donde ir a ver a El Linqueño puede ser el mejor programa para una tarde de sol y deporte al aire libre.
Ir a la cancha.
Nuevamente. Diferente porque voy a ver a El Linqueño y voy con mi amiga y compañera radial, Melisa Rodríguez. Y, al ir con ella, me acoplo a su plan. Un ir con ella que significa: ir al lugar que va ella, ser su compañía y compartir sus modos, ir con ella y sumarme a su estar en la cancha.
Ir a la cancha implica muchos rituales.
Ir a la cancha con Meli es compartir los suyos. Los de ella. Yo voy porque voy con ella. Entonces, mis rituales no son los que tengo cuando voy a ver a Rivadavia de Lincoln. Hoy, los rituales son otros, diferentes, nuevos.
Es domingo. No voy a Junín a ver el tenis profesional femenino y decido ir a ver fútbol del torneo Federal A, donde El Linqueño recibe al recién ascendido a la categoría, Atlético Escobar.
Tarde de fútbol.
Domingo futbolero en el interior del país del fútbol apasionado.
Voy a la casa de Meli, dejo la bici ahí y vamos en su auto.
Ella espera en la vereda con los cánticos de los pibes reunidos a media cuadra de allí. Ya estamos en ambiente. Melisa lleva su remera azul y blanca y el equipo de mate. Vamos con tiempo, así que puedo dejar la bicicleta y vamos en su autito. En 5 minutos estamos entrando por el tenis a las plateas ubicadas a la derecha de la “huevera”, como le dicen a las plateas que están debajo de las cabinas de trasmisión de periodismo.
No podemos entrar con el equipo de mate, justo a partir de hoy: mate, no.
Nuevamente.
Ir a la cancha.
Es nuevo. Cuando uno se corre un poco de la rutina del ritual, ahí aparece lo nuevo. Nunca fui con Meli tampoco.
Y, hoy domingo, soy un hombre nuevo.
¿Usted sintió esta novedad en alguna ceremonia suya? ¿Se sintió nuevo? ¿Hizo algo diferente este año?
Ir a ver a El Linqueño en su segunda presentación de local, ir a este sector de platea e ir con Melisa, es novedoso, es algo pendiente, es una iniciativa concretada que me alegra el corazón que late, nuevo, nuevamente. Por esto y por más cosas. Es una novedad sentir esto otra vez. La vida late en estos hechos cotidianos novedosos de hoy.
Estoy perceptivo, quizá.
Hace unos días volví de un viaje al mar caribe, Mar de las Antillas. Primera vez que estuve ahí en mis casi 45 años de vida. Novedoso el lugar y las formas del viaje. Había estado cerca, en Colombia, pero no había llegado a América Central.
Vengo viviendo novedades y estoy lúcido como hace mucho tiempo no.
Entonces ¡goollllll! de El Linqueño.
De tiro libre. Una joyita. Un gol que nos levanta, que enciende el grito local. Abre risas de alegría y abrazos. Festejo con Meli. Es un golazo. Una caricia perfecta que el arquero vuelve más hermosa en su volada con mano derecha y que infla la red. Y, con ello, el grito de todo el estadio.
Es gol de El Linqueño.
Lo vimos perfecto.
La pelota entró justo ahí, donde miramos y donde miro el pateador y donde imaginaron todos, hasta el arquero pensó, pero no creyó. Y no llegó. Y ahí está. Inatajable.
Nuevo. Un gol de tiro libre.
Ir a la cancha. Y que haya goles. Es maravilloso. Que suceda el gol.
El empate sin goles es un embole.
Obviamente hago fuerza y quiero que gane el equipo de mi amiga.
De hecho, si sale campeón y asciende a la Primera Nacional, lo reconocería.
Y aguantaría la gastada. Si no es malintencionada. Pero sepan, lectores, soy un ser nuevo, y siempre fui especial. Porque me quieren en todos lados. O al menos eso siento, cierto cariño y respeto.
¿Es el que tengo yo por la humanidad entera?
Es una boludés que piense en negativo, que le vaya mal al CAEL, que pierda con tal o cual. Si pensara así no iría a verlo, no pagaría la entrada ni iría como periodista. Si pensara así, me iría a pasear al parque que queda ahí enfrente; o, más bien, me iría a tomar el té o mates a la otra punta del pueblo y listo calisto. Pero, además, voy con mi amiga, con ELLA, que le encanta, que es futbolera, que, además, me va a alentar cuando juego tenis. ¡Cómo no voy a apoyarla!
No compliquemos los sentimientos.
Gol de ellos. El “7”, el “9” y el “7” que engancha en el área y la clava al ángulo.
1 a 1.
¿Se complica?
Primer tiempo.
En el entretiempo, Melisa me deja solo. Con ella hacemos “Solo pero bien acompañado”, ese programa de radio que nos une en hacer periodismo y subirnos al aire radial.
Y, durante todo el partido, le sugiero notas, le digo que con este jugador quiero hablar, con “Facu” Ferraro hablé cuando jugó Copa Argentina con Excursionistas, con el profe me gustaría, con aquel otro, si puede ser, también.
Pienso en todos los llamados a jugadores de El Linqueño que hice, al querido DT Maxi Antonelli y ese ascenso a este Federal A, y tantos más. A jugadores que ya no están.
Así es esto. Así fue.
Nuevamente.
Nuevo.
Ir a la cancha es saludar y verse y charlar algo. ¿Cómo van tus cosas? ¿Te gusta el “9”? Está linda la cancha, ¿no?
Varios me saludan.
Son todos de El Linqueño.
Ir a la cancha, plan re de domingo.
“Ahora vamos a gritar los goles de este lado”, me dice Meli.
“Estamos dentro de la cancha”, me dice.
Es cierto.
Se ve muy bien. Estamos cómodos, llenos de golosinas y con girasoles para palpitar el segundo tiempo.
Ya le conté a Meli de las ganas de empezar teatro de adultos en Gidi, y justo el profe Diego “pipin” Bessi se sienta detrás nuestros. “Qué bueno verte de este lado”, me dice.
Ya le conté a Meli de una idea de taller de lectura. Le nombro un libro de fútbol entre Caparrós y Villoro, y le digo que deberíamos hacerlo nosotros.
Un ida y vuelta, como se llama ese libro.
En la cancha son todas idas del equipo local. Va, y va, y va.
En ese ir hay situaciones.
Un centro de izquierda, aparece el “9” grandote de cabeza al piso, en palomita casi, para meter el segundo de la tarde y abrazarse con el profe de preparación física. Con ese profe quiero hablar, pienso. Él estuvo allá.
Con Meli nos abrazamos.
Es otro golazo.
Es el de la victoria.
Nuevamente. Ir a la cancha. Ver goles en vivo. Mesura de victoria. Calma dominguera.
Melisa me lleva rápido porque cumple años una gran amiga.
Yo también cumplí.
Y el CAEL cumplió. Segundo triunfo en su casa.
¿Usted también cumplió, nuevamente?
Por Ezequiel Tujague.











