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Un mago de lápiz en una casa de melodías: Tujague cuenta qué pasó el viernes en el “Patio de Casa”

Traza puentes. La condición humana necesita registros eficaces de la autenticidad creativa. Y Ezequiel está en eso. Él lo entiende a la perfección. La percepción del humano arma frecuencias positivas cuando el arte se le presenta de antemano. Él reconfigura el automatismo y gira hacia un estado de libertad que recarga la parte emocional que motiva. En ese marco de ruptura de velos de inercia, del cansancio cotidiano, aparece la peculiaridad del arte, su pulso de fuerza que escribe inéditos en lo que, impreso, se mueve en nuestro aire diario.

Está comprobado que la música cura partes emocionales complicadas. Sella tajos, arremete y pulsa lo mejor de nosotros al escucharla, ¿sabía? Lo mismo pasa si uno ve un pájaro libre o posa la mirada en el mar. O simplemente en el agua. O en una hoja. Al igual que si uno observa una pintura tejida con armas del alma, duras o simples, paisajistas o retocadas con el mejunje de lo urbano. ¿Cuántos cuadros miramos atónitos? ¿Y fotografías de niños? Lo mismo sucede con la literatura, que, atesorada en lo conceptual, ha propagado historias de encuentros y hondos pozos, resonancias de lo que el ser padece o enaltece como grandilocuencia en su vida. El arte combate la vejez mental, y más en medio de un presente colapsado por referencias sospechosas, por sistemas armados que no condicen con la claridad y la tierra de la simpleza.

Ezequiel sabe todo esto. Y, por eso, él se encarga de percibir los lugares mortíferos para la inercia, para la mente martillada. Busca los reductos claros para evolucionar y, con un lápiz y un papel, comienza, conmovido pero concentrado, a escribir lo atónito, lo sanador, lo que está del otro lado de la angustia cargada, mal procesada, una arista epidémica en nuestra rauda y dudosa forma de vivir. Ezequiel descubre las casas de arte y cuenta los procesos emocionales que funcionan como hogares trascendentales. Y si no las encuentra, él mismo las crea, por eso es que lee poesías en público, y las ensaya antes; por eso es que es participante de un programa de tango, junto al gran Negro Arcos, Ludo Fonda, Edgardo Magaldi y ahora el artista plástico Matías Coperchio, el de la bici y el perro, el que pinta inodoros y maderas tiradas, el que muestra que el arte no sólo se puede hacer en el lienzo, sino en todos lados; por eso es que hace teatro; por eso es que está en la agrupación autogestiva e independiente “Tura Urb”; por eso es que lleva pintura donada a GIDI.

Se convoca solo. Se pone los zapatos del entendimiento, toma el lápiz y con una sonrisa sólida y convencida, mueve procesos creativos consumados que están tapujados.

Ezequiel Tujague traza puentes entro lo ordinario y lo extraordinario, entre la ambigüedad y las posibles certezas; y cambia pensamientos, se los aseguro. Su pluma sagaz e inteligente ya hace tiempo que viene desparramando tinta de la buena en la pátina que habitamos. Es un linqueño importante para los linqueños, y es porque cuenta cosas que nos salvan, y lo hace a puro corazón. Y con gran TALENTO.

A continuación, Ezequiel Tujague nos cuenta qué vio el viernes en la noche del “Patio de Casa”, instancia en la que actuaron el dúo Clart-Bertinat, y Ludo Fonda, con el acompañamiento de los percusionistas enormes Diego Di Bartolo y Vanesa García, con más de 100 personas presentes, en medio de un patio mágico, con el gran Agustín Luisi en la escena de la parrilla y los chorizos, y con niños y perros dando vueltas, lo más importante.

RELATO DE EZEQUIEL

De patio de teatro griego a auditorio veraniego a cielo abierto.

“Es la primera vez que vengo”,

y seguido:

“Está buenísimo esto”. 

Voces que exclaman el encanto del lugar. De estar ahí. Presentes. Compartiendo.

Un público distinguido se va dando lugar: distinguido al abrazar la propuesta musical del día; el dúo de mujeres, Yuyo Clart y Niqui Bertinat, y el solista Ludovico Fonda. 

¡Se pone linda la fonda de la Pueyrredón!

El viernes al mediodía paso por el lugar a saludar y a dar buenas vibras para lo que viene. 

Lo veo descansado, lo distiendo al amigo anfitrión.

No sabés cómo vengo, nene. En el programa de radio de Tenemos La Posta, con Riera, me tembló la mano. (Risas y risas sorpresivas del cuerpo en tanto andar).

Ludovico, en esa frase, condensa cómo viene este inicio de año, estas pre-semanas al show de hoy. Semanas de laburo. De prepararse para dar un espectáculo. Destaco: se labura mucho para llegar a esto. Para intentar dar un buen momento musical. Para condensar lo que tanto vienen pensando: una noche llena de canciones.

Se cristalizan muchos años de vagar melodías fulanas, historias y poesías de antaño. Gastadas, aunque intactas. Noches de ensoñación y destellos de guitarras crudas. Papel y lápiz.

Canciones que emergen ahora, pero que estuvieron siempre ahí…, en ese cuerpo que ahora dice temblar. Porque está haciendo.

Lo que le gusta. 

El repertorio es ambicioso: bloques de Ludovico solo. Luego, las chicas solas.

Luego él e invitadxs. Luego ellas y más invitadxs. Luego todxs juntxs. 

¡Luego es hoy!

La sorpresa de quienes no conocen el lugar; la certeza de quien ya se sentó en este patio. Predispuestos a pasar un rato musical. Para aplaudir y festejar la música, en esta semana que tuvo el Día del Músico Nacional en homenaje al nacimiento de Luis Alberto Spinetta. 

Éste es nuestro humilde homenaje al Flaco. Porque hoy, en voz de Yuyo y Niqui y de Ludovico, se van a hacer presentes tus influencias en musicxs de la talla de la Jury, de Gabo Ferro, de Aristimuño, de Jara, de tantísimos otrxs artistas de acá y de allá.

De acá.

Canciones como plato fuerte. Más choris, empanadas y bebidas fresquísimas para acompañar. Póngase cómodo. El VIP, sólo para animados: las patas en el agua de una pileta casera. La comodidad no es lujo. ACÁ.

Es posible. Y nos alcanza y hastía.

La dama anfitriona, Fernanda, nos da la bienvenida y las respectivas gracias. 

-A usted, Fer, las gracias, por recibirnos.

Fernanda, hoy, también cantará unos temas y lo hará para sacar esa voz que siempre crujió en su interior, en una familia que sabe de guitarras y cantos populares. Esa familia que tanto me cobijó en mis inocentes visitas en el principio de los noventa. Gurrumines de apenas diez o doce años. 

¿Están preparados para una noche larga?

Arranca Ludovico. En medio de luces cálidas. Que invaden el patio. Para colorearlo todo.

Entra en acción con un gesto de entrega. Pone su guitarra en horizontal y la reverencia es toda para ella, su guitarra. Sonríe. Él y su querida compañera musical. 

Y el grito fondeano lo empieza a cubrir todo, con su propia lírica que nos estremece y mantiene alertas. Porque en cada frase puede haber una revelación. Me pasa eso. Una revelación que condensa un particular significante. Con Fonda, me sucede siempre. Siempre distinto.

Ésa es la magia no sólo de la música, ¿no? ¿Del arte todo, será? Ese instante donde la subjetividad se tensa porque es convocada. Es puesta en estímulo. Mínimo. Y llega. Y te sucede. Y ahí está. Permaneciendo.

Ustedes me entienden, ¿no? Yo sé que sí. Que cada ser tiene ese destello áurico. Lo sublime en cada cuerpo. Sensaciones del arte.

Música. Ésta vez, muchas músicas.

Mientras, voy y vengo.

No me sale quedarme quieto. Pero no es en busca de algún estímulo rápido en el baño o en la compra permanente de algún trago. Me muevo para dar. Para ayudar. A mis amigues. Entonces sirvo vasos de gaseosa, saco latas de cerveza heladas del freezer y eso. Y aplaudo y traigo agua. Y voy y vengo, sin irme, tan lejos y sólo, como antes. Chau antes.

Ahora. Lo veo cerca. En absoluta calma.

Las veo.

Aparecen desde las sombras. Yuyo Clart y Niqui Bertinat. ¡Pura luz!

Para este dúo que viene creciendo en cada presentación. Que ha salido a tocar y no se guarda nada. Con repertorios variados que les permiten a las dos estar y tocar en diversos sitios. La canción popular, vio. Si no escucharon a estas chicas, les estaría faltando algo. Pero tranquilxs, en el lugar menos pensado, ahí, como un milagro, aparecerá este dúo de voces y guitarras tan femeninas, tan particulares. Para romperle el corazón.

Sí. Sí.  Así nomás. Directo. Una puñalada de sensibilidad musical para vestir el silencio que sale agradecido de semejante conversión sonora.

Están tocando Yuyo y Niqui. Y se nota. Se nota y transparentan los escenarios de experiencia con Jury, en aquel pasado septiembre maravilloso en Lincoln. Se nota y condensa, al tocar en el Sonamos Latinoamérica. Se notan todas las notas y apuestas musicales que este dúo viene construyendo.

Y se suceden invitadxs. En percusión.

Con el queridísimo Diego Di Bartolo y su siempre querida presencia. Y su ampliación de mínimos, increíbles sonidos. Con su completa gama de instrumentos y sus toques mágicos.

La grata visita de Vanesa García y todo su conocimiento musical. Para tocar e improvisar. Y para ajustar detalles sonoros y técnicos desde las consolas. Convidado su entera humanidad musical desde su París hasta acá.  Acompañando al sonidista enamorado Negro Arcos. Que crece en cada musicalización y show de luces con su iniciativa atrevida, inundada de ganas de hacer. 

Y las voces invitadas de Primera Dama María Fernanda. Que sorprende. Por su entereza y comodidad al poner la voz.

Y Rocío Buceta, que también sorprende. Con su entonación y color fresco de voz. Parecen profesionales. Lo digo como halago, claro. ¡Adelante, Ro! Soltura y contundencia. Y calidez.

 Pero entiendo: lo hacen con entrega, Ezequiel, porque les gusta. ¿Entendés? Por puro amor lo hacen. Se canta con pasión acá. Y saben hacerlo. Muy bien. Saben.

Y el joven actor y poeta, nuestro Pury de Gidi. Primero con su poesía, arriba de unas guitarras de Fonda. Para ambos irse lejos en vuelos melódicos improvisados y contundentes.

Para que todxs escuchemos. Atentos. Atentas.

Y luego Pury con su bajo y ese “Manantial de la luz” que tanto me gusta. ¡¡¡Manantiales de Likes!!!

Hay una foto sacada con un plano amplio donde entran todxs. Es una imagen que festeja la música. 

Ellos y ellas convidando canciones, en un verano cualquiera. 

Foto interior: Elisa Vicondo.

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